Túnez es un país que vive entre dos culturas. Es una puerta de entrada al África árabe, pero también el visitante se siente como a orillas de Europa.
Aterrizar en el aeropuerto Túnez-Cartago y llegar a la avenida Habib Bourguiba, arteria principal de la ciudad capital, es cuestión de minutos. Como porteño, no pude evitar comparar la avenida Habib Bourguiba con la 9 de Julio y la Torre del Reloj con nuestro Obelisco. El estilo de los hoteles y edificios de oficinas que la circundan no hizo más que reforzar la comparación.
LA MEDINA
A pocas cuadras, caminando por la gran avenida, se llega a la zona turística por excelencia de la ciudad de Túnez: la Medina. Si la avenida Habib Bourguiba nos mostraba la cara europea de Túnez, la Medina es el mundo árabe en todo su esplendor. A partir de la gran Puerta de Francia, las calles se vuelven estrechas y serpenteantes, típico de la kasbah, y las veredas se convierten en un gran mercado de todo tipo de productos.
El camino por la Medina se llena de colores y olores, propios de los puestos de frutas, verduras, pescados y especias, y la atmósfera es de gentío y bullicio de los vendedores que promocionan insistentemente sus productos y ofertas. También hay lugar para la ropa, el calzado y los souvenires. También en la Medina están las grandes mezquitas de la ciudad, como la Mezquita Zitouna, del siglo VIII DC.
CARTAGO
Pero Túnez no es sólo su ciudad capital. Es sorprendente lo cerca que se está de otras ciudades hermosas a orillas del Mar Mediterráneo, como Cartago y Sidi Bou Said. Para visitar esas ciudades no hace falta más que caminar unas cuadras por la Habib Bourguiba en sentido inverso a la Medina, llegar a la estación de trenes de Túnez y estar con ganas de hacer un paseo por el Golfo de Túnez a bordo de un moderno ferrocarril eléctrico.
A poco de andar, llegamos a la estación de la legendaria ciudad de Cartago. Caminando unos cientos de metros, aparecen ante nosotros las ruinas romanas de las Termas de Antonino, con un impactante Mediterráneo de fondo, celeste como el cielo. Junto a las ruinas de las termas, vale la pena recorrer el Museo Paleo-Cretense, con vestigios de ruinas antiquísimas y mosaicos bizantinos.
SIDI BOU SAID
Vueltos al tren, seguimos hasta Sidi Bou Said. Se trata de un pintoresco poblado costero en el que predominan las colinas y donde casi todas las casas y edificios están pintados de blanco, con puertas y ventanas celestes, lo que le da un atractivo notable. Uno de las actividades obligadas de la visita a Sidi Bou Said es disfrutar de la playa y mojarse en aguas mediterráneas.
Además, abundan las casas de artesanías y recuerdos y los precios son ligeramente inferiores a los de la capital. Una vez paseado y regateado lo suficiente, llega la hora de volver. Deshacemos el camino hasta la estación de tren y nos dejamos llevar de nuevo a la gran ciudad.
Enviado por: Damián Profeta
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