Entre las boscosas montañas del Cáucaso del Sur se esconde Tiflis, la capital de Georgia, una de las tantas repúblicas que se separaron de la Unión Soviética luego de su colapso en 1991.
Atravesada por el río Kurá, la ciudad más grande del país (1.400.000 habitantes) es un fiel reflejo de la extensión de la cultura europea, que ha llegado hasta los confines donde Asia y Europa se encuentran.
ARQUITECTURA MEDIEVAL Y EDIFICIOS MODERNOS
Fundada en el siglo V, en Tiflis la antigua arquitectura medieval europea y soviética se mezcla con modernos edificios que reflejan las regalías que dejan los oleoductos y gasoductos que atraviesan el territorio georgiano, así como los beneficios que ha traído el liberalismo económico.
El suntuoso Palacio Presidencial con su cúpula de vidrio se posa sobre la nueva Plaza Europa, a la cual se llega atravesando el New Bridge, reflejando una cambiante realidad.
SAN JORGE, SÍMBOLO DE GEORGIA
El símbolo nacional de Georgia, San Jorge, se encuentra inmortalizado en la Plaza de la Libertad, cerca del Parlamento, en un monumento dorado sobre una alta columna en medio de una rotonda, una visita obligada.
Una peculiaridad del país son las comisarías transparentes como símbolo de la lucha contra la corrupción, una medida arquitectónica también aplicada al Ministerio de Seguridad Interna. La ciudad ofrece hermosos paseos como la avenida Rustaveli, diseñada por el barón Haussmann, o Narikala, el distrito medieval.
LA SANTA TRINIDAD Y OTRAS IGLESIAS
Sin embargo, sin dudas uno de los elementos más atractivos de Tiflis es la Catedral de la Santa Trinidad que domina el panorama de toda la ciudad. Construida entre 1995 y 2004, es la tercera Catedral Ortodoxa –religión mayoritaria en el país– más alta del mundo con 83 metros de altura.
Sin embargo, toda iglesia ortodoxa que uno se encuentre en el camino es merecedora de una visita, por corta que sea, por el peculiar estilo de estas iglesias, que contrasta con las católicas.
En ellas predominan las pinturas en las paredes y techos decorados con vibrantes colores, así como la ausencia de banquillos para orar y altares “escondidos”. Si uno está en Europa y busca un destino poco convencional, sin dudas Tiflis es una ciudad que vale la pena descubrir.
Enviado por: Tómas Gerbasio
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